La decisión del gobierno argentino de estudiar la instalación de salmoneras en el canal del Beagle desató una fuerte polémica. Algunos de los chefs más reconocidos de ese país se unieron en la campaña digital #NoALaSalmonicultura, tras la cual también estaría la fundación Tompkins. Los industriales chilenos tienen los ojos puestos sobre Magallanes, cuyas frías aguas son más “seguras” para cultivar el segundo producto de exportacion de chile. “Vemos lo que pasó en Chile”, dijo Narda Lepes a Capital.

  • 27 febrero, 2019
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Protestas conjuntas a ambos lados de la frontera. Una intensa campaña en redes sociales, el apoyo de famosos chefs de Argentina y el rol de la Fundación Tompkins. La decisión del gobierno del presidente argentino Mauricio Macri de desarrollar la acuicultura en el canal del Beagle ha generado polémica, sobre todo por su marcada alusión a Chile.

Todo surgió en marzo de 2018, cuando el Ministerio de Agroindustria trasandino suscribió con el gobierno de Noruega, un convenio de cooperación para estudiar la factibilidad de establecer granjas para acuicultura en aguas de la Patagonia argentina, especialmente en la provincia de Tierra del Fuego.

Pero lo que se previó que podría terminar como un importante anuncio para dinamizar económicamente al extemo sur argentino, dio pie en enero pasado a una polémica marcada por el rechazo de amplios sectores ambientalistas y mediáticos chefs trasandinos. Las redes sociales llamaban a la población a enterarse de los riesgos de la salmonicultura para el medioambiente. “No queremos ser como Chile” era uno de los mensajes transmitidos.

La campaña comenzó en la misma Patagonia en enero, aprovechando la afluencia de turistas de todo el mundo que llegan en verano. A ambos lados de la frontera, en Ushuaia y Puerto Williams, se realizaron manifestaciones cuestionando que el salmón sea una especie exótica, cuya producción –como bien lo demostraba Chile– dañaba al medioambiente.

Para las próximas semanas se preparan movilizaciones tanto en el sur de Argentina, como en Buenos Aires. Las organizaciones de la Patagonia tienen planificado acudir hasta el mismo Congreso argentino con la protesta. Empresarios del turismo local y organizaciones sociales de Tierra del Fuego alegan que de aprobarse la instalación de salmoneras, se perderá toda la prístina belleza de esos parajes. “Nuestro mayor atractivo es el recurso natural. No podemos perder ese objetivo”, dicen en la Cámara de Turismo de Tierra del Fuego. Los habitantes de la zona temen que, además, la presencia de pingüinos, centollas y ballenas sea puesta en riesgo, entre otros problemas.

La protesta considera acciones binacionales. De hecho, Puerto Williams está convertido hoy en el epicentro por el lado chileno. Allí, la comunidad yagán ha estado protestando desde fines del año pasado por la supuesta instalación de jaulas de la empresa Nova Austral. “Como pueblo canoero de los canales del Beagle haremos todo lo posible para que no llegue esta industria. A nosotros no se nos ha informado de nada”, alertó David Alday, representante de la Comunidad Indígena de Bahía Mejillones.

Según datos de la Subsecretaría de Pesca, en la Región de Magallanes existen 128 concesiones de acuicultura de salmónidos.

Narda: “Vemos

lo que pasó en Chile”

Pero lo que puso el reclamo en el primer lugar fue el hashtag #NoALaSalmonicultura. Algunos de los chefs más encumbrados de Argentina, como Fernando Trocca, Germán Martitegui, Narda Lepes y el tres estrellas de Michelin, Mauro Colagreco, iniciaron una campaña para evitar que se apruebe la cría intensiva de salmones en la Patagonia.

Con imágenes de las salmoneras chilenas de fondo, la campaña en redes sociales ya supera el millón de visualizaciones. “Necesitamos que lean esto”, dice una primera imagen de la campaña que alerta sobre el salmón criado en cautiverio y los problemas ambientales que genera su crianza.

Narda Lepes, una de las referentes de la cocina argentina, cuyo restaurante Narda Comedor fue incluido dentro de los 50 mejores de América Latina de 2018, habló con Capital sobre esta campaña. Reconocida como una militante de la alimentación saludable, la cocinera dice que para ella es importante este tema “porque vemos lo que pasó en Chile, porque que somos un país que tiene mucha pesca que no consumimos aún”, argumentó.

Mujer de opiniones fuertes, muy directa, la figura de TV agrega que su defensa es “por los recursos naturales de mi país. Porque defendemos la pesca. Porque queremos que el consumidor coma pescado local”. Lepes reconoce que hace años que no usa salmón chileno en sus preparaciones, pero que lo consume en ocasiones. “Nunca digo no coman”, advierte.

Tras la campaña en enero, algunos ejecutivos de las salmoneras chilenas han respondido por redes sociales a los chefs que la salmonicultura podría ser una solución al fuerte desempleo que afecta a la Patagonia argentina, desestimando las acusaciones de hecatombe ambiental. “Esa solución es a corto plazo y con obsolencia programada”, contraresponde Lepes.

El gobierno de Tierra del Fuego en Argentina tampoco ha querido hacer declaraciones. A los medios trasandinos se les ha respondido que no hablarán del proyecto hasta que finalicen los estudios de factibilidad y a todos se les ha entregado como respuesta que se está realizando una investigación que permitirá contar con un diagnóstico sobre las capacidades y condiciones de Tierra del Fuego para el desarrollo, o no, de la acuicultura.

El fin es evaluar el potencial de la región para el desarrollo de la actividad, ya que la zona, y en general las provincias de la Patagonia argentina, sufren de un alto desempleo y de una matriz productiva asociada históricamente a la industria electrónica que ensambla componentes en el fin de mundo, libre de impuestos.

¿La mano de Tompkins?

“Respecto al aporte de la industria, existe un gran desconocimiento en las palabras de los chefs. En Chile, la salmonicultura ha ayudado en el progreso del sur de Chile en los últimos 30 años, no solo por el aporte económico (más de 5.000 millones de dólares en exportaciones en 2018), sino también en la creación de empleos (70 mil), desarrollo de pymes (4.000) y también generando valor compartido en las comunidades donde está inserta. Una lástima que existan campañas de esta índole, dado que empañan la imagen del país y la industria, la cual representa con éxito a Chile en más de 100 mercados”, sostiene el presidente de SalmonChile, Arturo Clément.

Pero en la industria saben que el sector carga con una pesada mochila de acusaciones de daño ambiental. En julio, el escape de 700 mil salmones desde un centro de cultivo de la noruega Marine Harvest en Puerto Montt profundizó el debate sobre las posibles consecuencias de esta especie en el ecosistema.

Y la campaña que, a juicio de sus organizadores, apenas comienza se centrará en ello. Click a click se comparten frases o el informe completo de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA), según el cual, la industria salmonera chilena, además de introducir una especie que no habitaba en el mar local, abusó de sustancias químicas e introdujo enfermedades como el virus ISA, dejando en su actuar residuos sólidos y líquidos sobre el lecho marino.

Junto a las organizaciones locales de la sociedad civil –agrupadas en el Foro para la Conservación del Mar Patagónico, que reúne a más de veinte ONG– en la campaña también están participando científicos del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC) de Argentina, que rechazaron participar en las prospeciones financiadas por los gobiernos de Argentina y Noruega en el canal del Beagle.

En el listado también figuran la Fundación Mane’kenk, Greenpeace y se comenta que igualmente participa la Fundación Tompkins, creada por los conservacionistas estadounidenses Douglas y Kris Tompkins.

Desde Argentina, la misma Narda dice que ella entregó su apoyo y después su participación en  #NoALaSalmonicultura, luego de que desde la fundación Tompkins les alertaran del establecimiento de salmoneras. “Nos avisaron los planes de instalar en Tierra del Fuego, explica. Ahí empezamos a indagar, con colegas chilenos, gente de la zona y expertos en el tema, casos similares”, agrega.

Capital intentó conseguir una versión al respecto de parte de esa entidad, pero hasta el cierre de esta edición, ello no fue posible. En todo caso, desde las oficinas en Chile de la organización dijeron no estar participando en el proceso.

El hambre de China

A pesar de las diferencias regulatorias y de inversiones, Argentina emerge como el destino “natural” para las salmoneras, explican ejecutivos ligados al sector. Así como Perú se convirtió en un segundo lugar para producir frutas frescas después de Chile, el sur trasandino posee importante condiciones naturales. Sobre todo, para seguir exportando a China.

Las bajas temperaturas de las aguas de Magallanes son ideales. Generan menores riesgos de contagio de enfermedades para los salmones, lo que convierte sí o sí a esa zona en una atractiva oportunidad, añaden ejecutivos del sector.

Cuando en noviembre del año pasado, la china Joyvio compró a Isidoro Quiroga la salmonera Australis pagando 880 millones de dólares, sorprendió al mercado. Fue el precio más alto pagado por una empresa del sector en Chile. Zhu Linan, director ejecutivo y presidente de Joyvio, justificó el acuerdo, argumentando que los centros de reproducción de salmón son cada vez más limitados en el mundo y que las licencias de cultivo asociadas significan muchos requisitos para su respectiva obtención. “La escasez de recursos de salmón es cada vez más evidente”, señaló al regulador, cuando anunció la operación.

Según cifras de IndexSalmón, el gigante asiático fue el mercado que más creció como destino para esta especie producida en Chile en 2018: 44,8%, con retornos por 284 millones de dólares, y un aumento de 53,2% en volumen, a 42.506 toneladas. La principal exportadora fue Los Fiordos, seguida por Cermaq Chile y Multiexport.

Hoy en el país, los salmones son el segundo producto de exportación después del cobre. Durante 2018, la industria salmonicultora nacional obtuvo retornos históricos por un total de 5.157 millones de dólares, cifra que representa un aumento de 11,4% respecto de 2017, cuando alcanzó 4.626 millones de dólares, según información del Banco Central de Chile.

Y van por más. Basta mirar la performance de las acciones salmoneras en la Bolsa de Santiago para comprender que hay un apetito muy fuerte: todas las firmas del sector subieron en promedio más de 50% en 2018, impulsadas por la ola de consolidaciones que se produjo en el sector.

Agrosuper, que ya había comprado AquaChile en 850 millones de dólares en enero, cerró el año con la adquisición de Friosur a la familia Del Río en 235 millones de dólares, tornándose así en el principal actor local y segundo del mundo, tras la noruega Marine Harvest.

Previamente, AquaChile había desembolsado 255 millones de dólares por Salmones Magallanes y además se produjo la venta de Australis.

El último Informe de Percepciones de Negocios del Banco Central contiene opiniones bastante claras de empresarios y ejecutivos en torno al rubro salmonero. Los elevados niveles de producción y precios históricos “muy favorables” los mantienen optimistas, de acuerdo al documento.

Las banderas

Uno de los argumentos de la campaña #NoALaSalmonicultura es la alta concentración de antibióticos que exije su producción y los posibles impactos. A diferencia de Noruega, en el mar chileno existen algunas enfermedades bacterianas como el síndrome rickettsial salmonídeo (SRS), que provoca mortandad en los peces, por lo que estos deben ser tratados con esos medicamentos.

Fuentes de la industria aseguran que prácticamente la totalidad de este tratamiento se hace en en el mar y existe un Informe de Sustentabilidad de SalmonChile, según el cual, la tasa de uso de antibióticos ha caído de manera histórica: 455 gramos por cada tonelada. “Los chefs que lideran esta campaña probablemente no cuentan con toda la información del producto. De hecho, en Chile y otros países productores, son los chefs quienes promocionan el producto, dada la comprobación empírica de sus beneficios. La industria posee un altísimo grado de sostenibilidad otorgado por distintas certificaciones internacionales y la validación de los principales mercados, como Estados Unidos y Japón”, añade Clément.

En la protesta argentina, el vertimiento al mar de nueve mil toneladas de salmones descompuestos en el seno de Reloncaví en 2016 y el posterior fallo de la Corte Suprema que acusa a las diferentes autoridades y organismos estatales de haber lesionado el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación, es otra de las banderas. “No queremos ser como Chile”, repiten una y otra vez al otro lado de la cordillera.